Nadie se moría de
hambre, a pesar de que marzo era una época de escasez. Había muy pocos
animales terrestres, pero esta falta estaba compensada por una abundante fauna y
flora marina, aparte de una gran cantidad de aves. Las raíces de almidón de
varios vegetales servían para hacer gachas; comían brotes de acedera, berro,
prímulas, y otras plantas, y recolectaban otra serie de hierbas para preparar
medicinas, recogían bayas, que consumían en el momento o las conservaban y
almacenaban para el invierno. Las mujeres utilizaban el musgo de la playa para
hacer vistosas cestas y alfombras. Formaban hilos finos con él y después los
entretejían. Esta calidad en la artesanía es característica de los objetos
creados por las mujeres aleutianas. La recolección de plantas, a excepción del
monacato y otras plantas medicinales, era una función de las mujeres.
Almacenaban las plantas de la temporada para utilizarlas durante el año en
bolsas hechas con tripa de foca o leones marinos.
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| Asentamiento
aleutiano, larluk, alaska (1900). A la izquierda se ve una iglesia
ortodoxa rusa. En primer plano viviendas semisubterráneas aleutianas. |
Todas las primaveras
llegaban a las islas las aves migratorias. Patos, gansos, cisnes, frailecillos y
otras especies de aves ponían sus huevos, criaban a sus polluelos y se
marchaban al sur en el otoño. Los aleutianos cogían los huevos y cazaban pájaros
con distintos métodos adaptados a las costumbres del animal. En las zonas donde
cambiaba la marea las mujeres, niños y ancianos podían coger fácilmente crustáceos,
pulpos y algas y otros alimentos. La disponibilidad de estos recursos presentaba
a las viudas la libertad de elegir su futuro, en lugar de tener que volverse a
casar inmediatamente, como pasaba con otros pueblos del Norte. La orilla del mar
también era fuente de alimento en las épocas de escasez y cuando el tiempo era
demasiado malo como para salir a cazar. Durante el verano y el principio del otoño
pescaban el salmón, cuando iban a los pequeños ríos de las islas Aleutinas
para desovar.
Aunque cogían y
secaban gran cantidad de pescado para el invierno, los alimentos básicos en
esta estación eran los mamíferos marinos, sobre todo los leones marinos. Los
cazaban en esta estación desde sus baidarhas (nombre ruso para el kayac
aleutiano). Todos los hombres cazaban. Para que fuera efectiva la caza, se
preparaban física y espiritualmente. Cuando salían incluían en su equipo
amuletos para atraer a los animales y aplacar sus espíritus. «Su preparación
y el lugar donde los conservaban se mantenían en secreto, pues si no, los
amuletos perdían su fuerza. Era necesario protegerlos de la humedad. si un
amuleto se mojaba, su dueño se pudría.»
Sólo podían salir
a pescar ballenas los hombres, que se habían sometido a un rito muy concreto.
La caza comenzaba en la orilla, con la recolección de los amuletos de la
ballena y la elaboración de una pócima especial para revestir el dardo y
envenenar al animal. Los amuletos que utilizaban eran hematites, plumas de pinzón
rosa, líquidos de cuerpos momificados y cazadores muertos. Estos últimos se
consideraban enormemente poderosos, pero se auguraba una vida corta a quien los
llevara. Cuando divisaban una ballena, un sólo cazador se adentraba en el mar
con su baidarka, lanzaba su dardo a la ballena y después regresaba
inmediatamente.
Entonces, permanecía
aislado en una cabaña y se tumbaba sobre una manta quedándose inmóvil durante
tres días. «Se comportaba... como un hombre enfermo, como un método de magia
para que la ballena enfermase por simpatía.» Al tercer día, se levantaba
cuando veían a la ballena muerta. Entre todos la llevaban hacia la orilla. Se
desconoce hasta qué punto era efectivo este método. Si el animal no llegaba
hasta el poblado del cazador, era presa para otro pueblo...
Todas estas cacerías
se llevaban a cabo en baidarka, una embarcación especial con la que se podía
alcanzar una gran velocidad y capaz de soportar las revueltas aguas del golfo de
Alaska. La baidarka de los aleutianos era una versión única de kayac, con la
proa bifurcada y la popa recta. La peculiar forma de su estructura servía para
cruzar las olas y contrarrestar la fuerza del mar. Cuando se desencadenaba una
tormenta, amarraban las baidarkas entre sí para formar una embarcación más
estable.
Los niños empezaban
a aprender el arte de la navegación desde pequeños. Les estiraban los tendones
y los ligamentos para que pudieran estar sentados en la baidarka durante horas.
También se dedicaban a representar escenas de la caza con baidarka con juegos
de mímica o practicaban con una de verdad sobre aguas tranquilas. Más
adelante, se aventuraban en una embarcación de dos plazas, con un cazador
experto que solía ser el tío paterno. Un adolescente se convertía en hombre
al construir su propia barca, y se le consideraba entonces preparado para el
matrimonio.
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